Objetivos:
· Promover el cuidado, la preservación y la restauración de los bienes pertenecientes a toda la comunidad educativa; desalentando hechos de violencia, negligencia o descuido sobre equipamientos indispensables para el bienestar de la comunidad educativa y el normal desenvolvimiento de las tareas escolares.
· Alentar la planificación y puesta en marcha de acciones institucionales concretas enmarcadas en la Resolución 1.564/07.
La mencionada Resolución refiere al desarrollo de pertenencia institucional a partir del cuidado y la preservación de los bienes físicos de la escuela.
Etimológicamente “pertenecer”, en una de sus concepciones, significa: “referirse una cosa a otra o ser parte integrante de ella”. Integrar una institución es participar en ella, cuidar y ser cuidado.
La escuela no es sólo de aquellos que la hacen todos los días, sino que es una institución de la sociedad toda, donde se transmiten saberes a las nuevas generaciones, se construyen ideas sobre lo público y se apuesta a una sociedad que produzca una renovación de lo común.
La Provincia de Buenos Aires mediante la Ley de Educación N° 13.688, recientemente sancionada, regula el derecho de enseñar y aprender en el territorio. Las leyes y el currículum marcan un límite, que si bien es flexible y abierto, muestra los acuerdos públicos de la sociedad en un momento determinado. La escuela participa de la construcción de un espacio común, de una noción de lo público, en la que las singularidades tienen peso, pero que tienen que articularse en una construcción colectiva, que las incluye y también las excede.
La escuela, la nuestra, la del barrio, la de lejos, aquella a la que nunca entramos, la pública, la privada, pertenece también a la sociedad toda. Su carácter de pública implica que su pertenencia no se circunscribe solamente a la comunidad inmediata, sino a una sociedad de la que es producto, que plantea nuevas tensiones, nuevas formas culturales y que se nutre de todo lo que la escuela produce. La escuela de todos debe ser también la escuela de los alumnos y las alumnas y para los alumnos y las alumnas. El saber que se les ofrece debe ser relevante para sus vidas, que los enriquezca intelectual, afectiva y físicamente. Hay que reconocerlos, dignos legatarios de aquello que la escuela tiene para enseñar, hay que reconocerlos portadores de saberes y experiencias, con capacidades, con derechos y como ciudadanos, en el presente que la escuela construye con ellos.
En la escuela, todo puede ser un valor (los objetos, los procesos, las relaciones, las instituciones) según el tipo de estructura de participación que se genere, podrá lograrse una educación en valores y la construcción de normas sociales según los principios propuestos o todo lo contrario. Por lo tanto, el comportamiento específico en cada escuela y en cada esfera de relación (docente-docente, docente-alumno y alumno-alumno), variará a partir de las estructuras de participación que se plasmen y en buena medida, del consenso institucional que se haya alcanzado, de la dinámica institucional y de las experiencias particulares que los docentes y alumnos desarrollen.
REFLEXIONEMOS SOBRE LA VIOLENCIA
Los rostros de la violencia en la escuela.
La agresividad nos conmueve, pero no encontraremos modos adecuados de acción si no vemos el conjunto de las relaciones sociales y las circunstancias personales que los provocan. Las últimas décadas del siglo XX se caracterizan, entre otras cosas, por la creciente violencia que se manifiesta en diferentes escenarios y que adquiere diversos rostros: desigualdades y discriminación, hostilidad y acoso, daño ambiental y alienación, autoritarismo de los regímenes y de ciertas instituciones, desocupación y hambre, conflictos y guerras.
Todos esos rostros nos ubican ante grandes dilemas que por su relevancia, nos inducen a transformarlos en problemas, buscar alternativas y adoptar acciones específicas para resolverlos en forma creativa y pacífica, sin violencia física ni simbólica.
En este contexto, es importante que niños y adultos, hijos y padres, alumnos y docentes, puedan reflexionar y analizar situaciones conflictivas. A partir de ello, tender a generar preocupación ecológica, compromiso por la justicia y una "apertura mental" que posibilite una lectura de los hechos y acontecimientos ajustada a lo real, en el marco de:
· La diversidad.
· La reflexión crítica y comprensiva.
· La cooperación y el respeto mutuo en la resolución de conflictos.
El fenómeno de la violencia muestra dimensiones que van desde lo global a lo individual, de lo macro a lo microsocial, en ambos sexos, en distinto tipos de sociedades y organizaciones, tiene una multiplicidad de causas y una diversidad de efectos. Es un fenómeno tan antiguo como la humanidad, pero los rostros que presenta no fueron siempre los mismos. La violencia de principios de siglo XXI se manifiesta a través de:
Violencia en la escuela, violencia de la escuela y violencia contra la escuela
La violencia que "elige" como escenario a la escuela, si bien no es producida por ésta, cuestiona seriamente el imaginario social y el tradicional ideario escolar de escuela como lugar de encuentro y armonía.
Cuando los espacios escolares se vuelven escenarios de conflictos y malestar, se violentan los vínculos sociales y pedagógicos y con ello, los procesos básicos del enseñar, el convivir y el aprender en la escuela.
La práctica educativa y en particular, la práctica pedagógica, requiere un escenario institucional y áulico facilitador para alcanzar sus fines. No obstante, es común encontrar en algunas escuelas tramas de relaciones y vínculos sociales y pedagógicos que transcurren en condiciones desfavorables, con carencias no sólo materiales sino sociales y subjetivas.
No son pocas las acciones y los hechos de violencia contra las escuelas, a través de actos de depredación del mobiliario, de los útiles y del propio edificio escolar; o a través del abandono social de los establecimientos o de la descalificación de tal o cual escuela.
Violencia e indisciplina.
Es muy común que se identifique violencia e indisciplina, pero se trata de hechos con peculiaridades diferentes y que tienen distintos efectos en los actores.
Los actos de violencia se originan en procesos subjetivos y en el juego de las interrelaciones de los actores, se alimentan de representaciones y significaciones imaginarias a partir de la constitución subjetiva (psíquica) y se manifiestan a partir de desencadenantes específicos en el marco de la institución escolar.
Por su parte los actos de indisciplina, si bien siempre refieren al sujeto y a las relaciones intersubjetivas, tienen que ver siempre con las relaciones pedagógicas en el marco de la propia práctica áulica y/o institucional. Se trata de obstáculos o conflictos con la tarea y específicamente, con los modos de enseñar, con el uso de los espacios, el tiempo y con las normas institucionales.
Violencia y hostilidad.
Consideramos relevante la diferencia que se establece entre hostilidad y agresividad, por los efectos y las consecuencias que pueden producir los actos violentos.
Así, mientras la violencia puede buscar producir miedo, por la amenaza o la agresión, la hostilidad suele manifestarse entre sujetos unidos por vínculos importantes (compañeros, alumno-docente), ubicándose al otro en el lugar del adversario, sobre el que se proyecta la agresividad no aceptada como propia y se lo trata de hacer sentir culpable de sus propias acciones.
En este sentido, muchas de las conductas que consideramos agresivas, son conductas hostiles. La hostilidad opera frecuentemente como un mecanismo de defensa, por lo cual es necesario diferenciar entre un acto de agresión y un acto hostil.
Disrupción en las aulas.
Se trata de acciones que realiza un alumno (o varios) dificultando o impidiendo la actividad normal en el aula, molestando u hostigando a otros. No obstante, como señalamos, no necesariamente son hechos de violencia. En general son problemas de disciplina, en tanto sólo alteran la labor en el aula y remiten a las relaciones pedagógicas, específicamente.
La importancia de este tipo de actos remite al costo académico que tienen, fundamentalmente por cuestionar la función del docente y por romper el clima grupal.
Violencia, víctima y victimario.
Los rostros de la violencia serán distintos si se ven desde el lugar de la víctima o desde el victimario.
"Desde la posición del victimario, la violencia sería toda aquella conducta realizada con intención de destruir, herir, coaccionar, atemorizar a otras personas, a un grupo, a uno mismo, a instituciones u objetos considerados de valor para alguien, ya sea valor material o simbólico" (Garay y Gezmet). Desde esta perspectiva, la violencia conlleva intimidación, acoso y amenaza y siempre supone la intencionalidad de dañar, fastidiar, molestar o destruir al otro.
Desde la posición de la víctima, la efectividad de los comportamientos violentos suponen la eficacia en la víctima, de la intimidación y la amenaza, lo cual hace pensar en algún tipo de implicación de la víctima en la situación, por lo menos, a través de estrategias o conductas fallidas (baja autoestima, imágenes negativas de sí misma, relaciones poco seguras, etcétera). Por lo tanto, no se trata necesariamente de actos violentos sino de vivencias de los sujetos que son o se sienten víctimas de violencia.
Propuesta de trabajo institucional: consignas de trabajo.
1- Con posterioridad a la lectura del documento, proceder a la discusión en torno a las siguientes preguntas que buscan ser disparadoras, pero no agotar las posibilidades de análisis que se puedan dar en cada espacio institucional, según sus características particulares:
A. ¿Existen situaciones institucionales de falta de cuidado de los espacios y equipamientos? ¿Cuáles? ¿A quiénes involucran? ¿Cuáles son los contextos más frecuentes en los que se producen situaciones de descuido en la institución?
B. ¿Se promueven acciones institucionales vinculadas al cuidado de los espacios y equipamientos?¿Cuáles son esas acciones? ¿Son efectivas?
2- Una vez realizado el análisis de la situación institucional, planificar posibles acciones en torno a los siguientes ítems:
A. Identificar situaciones concretas, ya sean de negligencia, descuido o conflicto en el uso y la preservación de los bienes institucionales.
B. Diseñar una agenda de trabajo para los próximos meses que incluya la planificación de acciones, tanto preventivas como de reparación.
C. Definir actores institucionales que posibiliten dar viabilidad a las acciones propuestas.
D. Generar instancias de trabajo con los alumnos, que permitan analizar situaciones y garantizar su protagonismo en las acciones planificadas, en el marco de lo previsto por la resolución Nº 1.564/07.
SUBSECRETARIA DE EDUCACIÓN
28 DE AGOSTO DE 2007.-
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